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Gestionar la expectativa

Tras la sorprendente? victoria de Pedro frente a Susana a pesar del aparato, los cargos, los barones, la prensa y de nuevo la prensa, parece que se ha abierto una nueva ventana al cambio, y digo ventana porque no da para puerta ni de la gloria ni del trastero, al fin y al cabo han cambiado algunas personas (lo de Hernando dimitiendo al 75% del escrutinio no deja de tener su aquél) pero no los números y estos son tozudos, tanto que incluso a Cristiano le alcanza su sombra.

Curioso este mundo en que se glorifica a deportistas que ganan como empresas del IBEX y además se escurren a la hora de retratarse ante Hacienda (y aquí iba yo a decir aquello de Hacienda somos todos pero en el juicio de la infanta perdimos la inocencia) como si fuesen capaces de notar la diferencia entre superrico y riquitísimo; pero a lo que vamos, al PSOE no le han crecido los parlamentarios así que solos ni queriendo, que esta es otra, porque mucho decir y poco hacer, al menos todavía.

Y de ahí mi titular de hoy, puede que esperemos demasiado de aquello que no deja de ser un primer movimiento apenas las primeras notas de una obertura cuyo color no podemos apreciar (no podemos olvidar a Pedro firmando encantado con su amigo Albert, y ofendido porque Pablo le dijo que no, que ese trío no le molaba nada de nada, como a sus votantes) porque los tiempos puede que estén cambiando como dijo aquel que despreció el Nobel (no sabemos si tan sólo sus oropeles, ingresando el jugoso regalito), pero no al ritmo trepidante de una actualidad repleta de imputaciones, robos, fraudes, desfalcos y mentiras, muchas mentiras incluso en plasma.

Así que por si esto suena chill out, o finalmente no desemboca donde deseas, puedes aplicarte el cuento de pedir poco para perder menos, o no dejar de caminar, empujar, pelear, debatir, impulsar, apoyar y no callar ante una violación sistemática del estado no ya del bienestar, sino del derecho donde las leyes no se cumplen y cuando se acerca la justicia, sencillo, te cambio al juez. 

Y mientras lo medidas, coge un libro, hoy recomendamos en El Buscalibros diez para la feria.


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Noticias de otro país

Sol 19/5/2017
El sábado pasado no sucedió nada en Madrid, las buenas gentes paseaban por Sol sin olvidar el saludo cariñoso a su querida y rubia Presidenta, por si su dedicación al común la tenía retenida tras los balcones (al abrigo de un aire acondicionado más que necesario) de su despacho en la Real Casa de Correos. Como cada tarde de sábado se cruzaban con gentes de todo el país y más allá, concentrados en admirar el histórico reloj que mide el tiempo nacional. 

Algunos extremistas, de esos que hace años han tomado la pésima costumbre de aposentar sus redaños en cualquier esquina clamando por injusticias que tan sólo ellas perciben, le daban el toque ruidoso a la tarde, por lo demás común y corriente como el despliegue policial propio de una amenaza inminente, aunque quizás se tratase de un ensayo general con todo para lo del domingo.

Porque sí, el domigo pasaron cosas en Madrid, unos locos de camisetas a rayas, al estilo de los antiguos colchones celebraron que se mudan seguramente a un lugar mejor, un poco más tarde otros de blanco coronado bramaron al unísono (aunque no estaban juntos) y salieron desde domicilios, bares y casas de apuestas, impelidos por una fuerza invisible a adorar a una diosa pagana, que algo debía temerse porque se había parapetado cuidadosamente. 

Y entre una cosa y la otra, una ola de locura se apoderaba de los siempre tan centrados socialistas, amantes del orden y la estabilidad que a pesar de todos múltiples avisos, amenazas,  sermones y peroratas de los viejos de la montaña, se lanzaron de cabeza al abismo.   

O algo así te ha contado El País, el periódico que hemos lucido bajo el brazo como seña de identidad quienes pensamos que este era un país que podía ser mejor y esta una nación sin aires de madrastra. 

(Si quieres  saber la verdad, tienes que buscarla fuera y soprendentemente pagando bastante menos de lo que le entregas a Prisa por su invento de país paralelo

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15 + 6 = 20M

Hace días que esquivo la realidad como puedo, apago la radio o cambio de canal en la televisión, estoy harta de estar harta, agotada de indignarme y ver como cada mañana viene cargada con su dosis de ignominia, su colección de ladrones y quienes no solo los defienden utilizando algo tan noble como la presunción de inocencia sino que intervienen y ponen y quitan fiscales, policías e investigadores, filtran buscando nulidades y se golpean el pecho muy fuerte diciendo que el sistema funciona porque a pesar de todo y con años (y millones) de retraso nos acabamos enterando.

Pero no importa, seguimos perdiendo el tiempo (y el dinero) con las batallas del PSOE roto entre quienes se avergüenzan de tanto y quienes no están dispuestos a renunciar a lo que tienen (que no será poco) gracias a una estructura que se expande hasta los cimientos, con las declaraciones cada día más complicadas (por absurdamente circulares) de Ciudadanos que condena muy fuerte todo con la mano izquierda mientras con la derecha soporta el tinglado que hace posible tanto escarnio y tanta vergüenza, con la bajada de pantalones del PNV a cambio de lo de siempre, más y más dinero de todos para gestionarlo ellos y que la brecha entre unos y otros solo crezca y crezca, o el beso de Judas de losanteriormenteconocidoscomoCiU para derribar los derechos de la estiba a cambio de no acudir a una reunión, o porqué no decirlo con las polémicas de un Podemos empeñado en que su líder sea el más líder aunque solo lo sea de una charca. ¿de verdad nos merecemos esto?

Hace unos días se celebraba el aniversario del 15M un momento de valentía y rabia que pensamos sería capaz de cristalizar en un cambio real, en un país diferente donde no ganen siempre los mismos a costa de los de siempre, un país más solidario, más justo, más transparente, donde comprendamos al fin el engaño de un capitalismo financiero sin límites ni medida que no devorará a sus hijos sino a nosotros, que no somos más que esclavos, donde junto a otras y otros muchos europeos nos alcemos para defender una Europa para la gente, un faro de esperanza en un mundo cada vez más volátil, cada vez más inseguro, pero la realidad es bien diferente, seguramente porque hemos bajado los brazos hartos de gritarnos entre nosotros.

Se me pasará, porque todo pasa y me niego a ser mera espectadora de esta comedia absurda, quiero quitarles las máscaras y empiezo a pensar que quien no lo desea ya no tiene excusa decente.
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Paso a dos

Cada mañana la misma rutina que nunca es la misma, porque jugando con el caprichoso tiempo de primavera, ayer viento, mañana lluvias que no terminarán de decidirse y hoy este sol que sabe a agua por mucho que las retinas reclamen las gafas, cambian cada día de atuendo haciendo gala de un amplio fondo de armario. Llegan por la calle Mefisto, que no está dedicada al diablo como podría parecer, sino a Fernando Soteras, periodista del Heraldo de Aragón que a primeros del siglo XX glosaba bajo este seudónimo las «Coplas del día» sobre la actualidad de la ciudad.

Con su cortavientos rojo oscuro camina por el lado exterior de la acera prestando el brazo derecho como apoyo adicional al bastón con empuñadura de nácar que sujeta con la mano derecha y con el que no pocas veces juega a repiquetear los marcos de las ventanas del sótano, imagino que inquietando a quien desde la sala de ordenadores solo puede alcanzar a verlos si tras el primer sonido mantiene fija la mirada en la segunda ventana y aún así apenas podrá ver dos pares de piernas que despacio pero sin claudicar bajan hacia el chaflán de la puerta, las alumnas (no cabe referirse a los alumnos, especie en peligro de extinción que curiosamente no afecta a los profesores, ni a los jefes, peculiaridades de la administración pública) imaginarán si la clase no es muy entretenida, o cosa que sucede con frecuencia, se ha colgado el sistema, que se trata de cierta torpeza en el manejo del apoyo sin adivinar que es un modo de saludar a quienes vistas desde arriba parecen niñas en el colegio, sentadas por parejas frente a las pantallas, una interrupción amable y musical.

Llegan al chaflán y saludan con un gesto al guardia de seguridad, giran un poco a la derecha para cruzar la calle Escar (Don Mariano, tipógrafo, bibliófilo, editor de mucho gusto y miembro de la Real Academia de San Luis) y detenerse apenas un instante en la contemplación de las figuras que adornan el Museo Provincial conviviendo en la fachada con las banderolas de las exposiciones temporales tan llenas de color que más que contrastar sobre el ladrillo caravista parecen escapar de su interior y colarse por los intersticios del mortero y más abajo, tras la verja, ese curioso tapiz de tréboles de vibrante verde que ha desplazado al mustio césped. Girarán sus pasos esta vez a la izquierda y cruzarán hasta la plaza, por la esquina donde por años ha reinado el buzón de correos, callado mensajero de cartas que ya no llegan porque ya no hay quien escriba sino sobre una pantalla y las facturas y extractos del banco no los distribuye Correos sino esa chica regordeta que arrastra su carrito azul como si la bola de un presidiario de tratase.

Sin prisa, como si las piernas no estuviesen a punto de rendirse se sientan en el primer banco frente al parquecillo, antes lo hacían en el primero del todo, pero ahora se acumulan en frente los contendores verdes y ni el ancho de la calle, desde el seto recortado hasta la hilera de bancos, ni el fresco que no potencia los olores evitan que sea una imagen fea, así que una treintena de pasos más, una ligera inclinación de un cuerpo hacia delante que tratan de compensar con la marcial postura del otro, como si fuesen una única silueta de cuatro piernas cruzando un cable sobre los impresionantes rascacielos de Nueva York, llegan a la primera etapa.

Antes de conocerlos tanto como ahora pensaba que era su meta, pero a penas pasan en él unos minutos, recuperando el aliento discretamente, sin aspavientos, cuando se levantan decididos hacia la fuente que rodea, protectora, el monumento de los Sitos presidido por Agustina y su cañón, dónde giran en sentido contrario de las agujas del reloj hasta alcanzar el que sí es su objetivo, el banco junto al kiosco algo apartado del tráfico habitual de la plaza, de los chillidos de los niños, las carreras de los perros y los grupos de turistas, cada vez más numerosos que se agolpan tras la guía que explica el origen de la Plaza y el monumento, hijos de la Exposición Hispano-Francesa de 1908 y que aún no ha incorporado la tecnología que le permitiría no hablar a gritos.

A cubierto del sol, cuando decide asomarse, gracias a las ramas altas del magnolio y el cedro del Himalaya sobre el que incluso las cotorras argentinas han renunciado a anidar, se acomodan, creo que antes se acercaban al kiosco que ahora proclama a gritos mudos el estado del periodismo tradicional con un cartel descolorido de SE TRASPASA quizás si el Ayuntamiento permite un cambio de licencia se convierta en una tienda de chuches, o simplemente desaparezca. Así que lo sacan de la bandolera de tela de cuadros escoceses y tras un curioso revoloteo de hojas, se lo reparten.

La lectura de la prensa oficial no les lleva demasiado rato, quizás no repasen más que los titulares y las esquelas, pero permanecen sentados allí por cerca de media hora, a veces saludan con una inclinación de cabeza a alguna de las ancianas que en silla de ruedas hace un recorrido similar al suyo al ritmo cansado de la sudamericana que la empuja.

Sólo si aciertas a pasar en el preciso momento en que están a punto de retirarse podrás ver como sus manos se tocan, despacio, morosas, justo antes de recuperar la verticalidad, ofrecerse el brazo, apoyar el bastón e iniciar el camino de vuelta a casa, siempre por la misma esquina, siempre sobre sus mismos pasos.
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Primero susto, que ya luego vendrá la muerte.

Francia elige Presidente de la República contra Le Pen, y aún con los ojos plagados de legañas por la fiesta en la explanada del Louvre cambian banderas por pancartas para oponerse a las medidas estrella del recién elegido Presidente y no porque éste haya dado un giro a sus políticas convirtiendo en humo sus promesas sino porque ahora puede llevarlas a cabo, empezando por una reforma laboral a la española. Sin duda las consecuencias de cerrar las opciones a susto o muerte, obviando que en esta tesitura, la realidad será primero susto y después muerte, porque son las medidas ultraliberales, las que se empeñan en poner al capital sobre las personas, a la macroeconomía financiera sobre el bienestar común las que hinchan las velas de la ultraderecha fascista.

Y nosotros no salimos de una para meternos en otra, cuando ya pensábamos que el foco de la corrupción se había detenido en Madrid, con su exPresidente entre rejas y sus alcantarillas al descubierto, resulta que los Pujol nos deparaban momentos únicos, esos que si los imagina un guionista resultan excesivos incluso en una parodia muy loca, el manuscrito de la matriarca a modo de reverenda madre que mueve millones misales de una biblioteca a otra hasta dar con ellos en Panamá, es de tan ridículo capaz de ocultar tras la carcajada la inmensa tragedia de un líder carismático como Jordi Pujol, el padre de la Cataluña del siglo XXI en un sinvergüenza común, un avaro capaz de rapiñar un porcentaje de cada piedra, de cada bandera.

Y de la risa al miedo que provocan los movimientos, torpes, irracionalmente torpes, de una cúpula fiscal más consciente que nunca de a quien debe el doble encaje de sus más elegantes puñetas, un cuerpo de defensa de la legalidad, de lucha contra la corrupción impelido de la necesidad de traicionarse a sí mismo para salvar a sus jefes.

Mientras en el PSOE se tiran los trastos a la cabeza entre quienes defienden mantener el bipartidismo agonizante (de poco les sirve ver las barbas del vecino rasuradas en seco, quizás porque el símil resulta demasiado masculino para su lideresa) y quienes se aferran a un lema caduco que trata de ocultar la negativa a aliarse con el más cercano, por muchos riesgos que suponga levantarse mojado.

Parece que la realidad se esfuerza en mantenernos entretenidos mientras esperamos la comparecencia de Rajoy como testigo en uno de los cientos de casos (aislados) de corrupción de su partido. Porque eso sí, presentar una moción de censura es una chiquillada grosera.

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